jueves, 28 de noviembre de 2013

Todo es luz

Estoy en una habitación de colores chillones, donde siento que alguien me esta observando. Me incorporo ya que estoy sentado y pongo mi espalda recta, cruzo las piernas para acercarme a una sensación de comodidad que no hallo, que no tengo en estos momentos. Estoy desnudo. Pero no se el porqué. Me contemplo a mi mismo como si no conociese mi cuerpo. Me veo los brazos, parecen difuminarse al paso de mis ojos. Toco mis piernas, parecen las mías, fuertes y robustas, largas y anchas. Paso mis manos por mis pies, los siento rugosos y secos como si hubiese caminado una eternidad. Vuelvo mi mirada hacia la habitación, cambia de color, todos los colores se funden en uno solo. Primero se convierten en negro, en oscuridad, y la luz desparece de mi vista. No hay nada. Solo yo, estoy yo. Ya no me siento observado. Pasa un tiempo aproximado de una eternidad, aunque tal vez sean solo segundos. No lo se a ciencia cierta. Estoy solo yo, el sentido del tiempo no tiene valor para mi. La habitación cambia, parece que me hace una mueca, que sonríe pícara, que vuelve sus ojos hacia mi. Se convierte en blanca, ahora todo es luz, todo brilla en su máximo esplendor. Ya no estoy desnudo, una ropa ligera como brisa tapa mi cuerpo. Miro hacia la derecha y vislumbro una puerta, acto seguido me levanto, acerco mi mano hacia el pomo de la puerta. Y la abro. Puedo salir de la habitación. La habitación me mira con un deje de tristeza, pero es feliz también. Puedo irme. Puedo volver a nacer. Vuelvo a nacer. Fuera todo es luz.

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