miércoles, 9 de marzo de 2016

Luto blanco.

Luto por ti que me diste felicidad o tu otro tu que solo me diste oscuridad
Sin existir en mi memoria te hiciste enredadera en mi corazón
Aparecer de repente con la alta frente
Y perecer un segundo en más de una ocasión

Blanca mirada de ilusión y esperanza
Frenética risa que acelera una pasión
Que te vaya bonito allá donde vayas
Olvidarte un segundo de mi tiempo tardón.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Ser eterno.

Los besos pueden ser eternos le dije con una sonrisa entre tímida y melancólica. Me abrazó juntando sus manos en mi espalda y apretando fuerte como si quisiese entrar en mi alma y quedarse un rato allí, acto seguido respira impregnando con mi olor su cuerpo. Siempre que está conmigo hace eso, la verdad me encanta. Hace pequeñas respiraciones breves pero muy profundas.
Lleva un vestido marrón claro, una blusa color mostaza y unos tacones que me excitan sobremanera. No recuerdo el color, solo recuerdo que eran clásicos y no muy altos. Soy un odioso de los pies pero soy un amante de las mujeres con clase en ellos.
Es una noche triste en una ciudad cualquiera y estamos sentados en un bordillo de una calle peatonal como todas las calles peatonales del mundo. Es una noche triste porque la ciudad está casi vacía, me da la sensación de que la gente saliese huyendo hacía otro sitio mejor. Pero me es indiferente, cuando estás con la persona correcta el mundo se desvanece intentando no molestarte.
Yo llevo puesto un traje, clásico: negra la chaqueta y el pantalón, blanca impoluta y recién planchada la camisa. Se debe estar siempre a la altura de las circunstancias. Llevo un pañuelo a juego con la corbata, es de seda y lo llevo porque ella me lo regaló.
La humilde verdad es que somos un pareja de guapos o por lo menos lo veo así pero como les conté antes a ustedes el mundo ha desaparecido de mi mente.
Hablando de lo divino y lo humano pasan los segundos veloces como un depredador a punto de devorar a su víctima. Reímos, hablamos, un beso furtivo por aquí, una mirada cómplice por allá...
Llega un momento que ella debe irse, no me acuerdo del motivo y para contar esta historia tampoco es importante. Solo se que se va. Me dice esas dos palabras mágicas llamadas te quiero, me da un casto beso en los labios, sonríe y por último me mira muy detenidamente como queriendo grabar en su cabeza hasta el último centímetro de mi ser. Me da el abrazo más largo de la noche y se levanta.
Me mira a los ojos fijamente y se despide, me contempla con una sensación que yo llego a sentir como rara.
La veo alejarse por el callejón empedrado, hasta que pierdo de vista su silueta en la lejanía, me quedo pensativo algunos instantes y también emprendo la marcha hacia cualquier lugar. No la volví a ver y lo que es peor nunca supe que ésa era su forma de decirme adiós.

sábado, 26 de septiembre de 2015

No eres.

¿Sabes qué? Que ya no existes, ya no estás, ya no eres. Y el peso que amargamente sobre mis pequeños hombros me pusiste se esfumó cual vaho derrotado por un dedo en un cristal.
Desapareciste como hacen los cobardes ladrones de sueños rotos.
Caiste de un pedestal construído de miedos que ahora solo son ligeras cicatrices.
Perdiste porque yo sigo en pie, tambaleándome si, resistiendo esa sinrazón que tu mantenías a rajatabla.
Cuando yo quiera te haré desaparecer a las vidas futuras.
Y ni siquiera polvo en mi memoria serás.

En sueños.

La noche era otra noche. Oscura pero con una luz especial. Apagada pero con puntos de colores por doquier.
Iba caminando distraído mirando hacia enfrente sonriendo por algún recuerdo lejano y me llamaste.
Fue solo un susurro pero te escuché tan nítidamente como cualquier canto.
Me llamabas por mi nombre y lo curioso es que yo no te conocía.
Tu nombre era similar al mío y tu alma bailaba alrededor de la mía.
Decidimos vernos en otra ocasión en un día con lluvia.
Pasaron mil segundos, mil días, mil vidas.
Es posible que tu alma se fuese en otro tren y la mía se aferrase a una estación antigua con un gran reloj marcando las horas.
Cuando vuelvas a llamarme en sueños dejaré todo atrás.

domingo, 26 de julio de 2015

El tiempo desaparece.

Cuando creas que sabes algo, tu,  pero tienes ninguna idea de todo. Crees que tienes que desaparecer y en la mente menos cuerda no hay probabilidad de aparecer.
Eres un fastasma.
Eres una aparición fugaz. Algo olvidado tiempo atrás.
Algo perdido y no querido encontrar.
Te creías que eras. Pero no.
Pero nada.
Eres la nada.
Eres la nada. Según tu existías pero no. Eres solo un recuerdo en la mente de cualquier iluso borracho.
Eres la nada.
Hay veces que el viento despierta, se desespereza y antes de que vuelvas abrar los ojos, desapareces.
Desapareces.

sábado, 13 de diciembre de 2014

La verdad.

La verdad sea dicha no está reñida a tus silencios, a tus lloros, a tus súplicas...
Está ligada íntimamente a esos besos clandestinos y húmedos, a esas palabras llenas de corazón.
El no está aparcado, varado en el fondo de un vaso lleno de ilusiones, problemas resueltos y felices finales.
El necesario resurgir de lo que tuvimos puede alcanzarnos despiertos pero soñando siempre serán mejores.
Nunca, nunca he dejado que te cayeses.
Siempre, siempre he estado para levantarte. Me es lo mismo una o mil veces.
No es el número lo importante, es el cuándo. Es el porqué. Hacemos cosas sin saber siquiera el porqué, pero hay que hacerlas descifrando el acertijo.
Ser mejores, ser más buenos, ser más puros.
Mirarnos al espejo y con una sonrisa en la cara retirarnos satisfechos antes de que empiece la próxima batalla.

martes, 28 de octubre de 2014

Es todo lo que pido















Seguramente el niño (o niña) que perdió este juguete y yo no nos vamos a ver en la vida, pero siento que tengo que hacer algo. Ese algo es dejar este precioso, viejo y usado juguete en algún lugar para que alguien más puede jugar y soñar con el. Lo encontré un día en la calle y la verdad es que una sonrisa súbita asomo a mis labios ya no tan niños. Y me lo guardé. Lo metí en mi bolsillo y seguí mi marcha. Apenas mi cerebro reparó unos instantes en esta moto roja y blanca. Llegué más tarde a mi casa y con emoción la enseñé. Cuando era pequeño, yo cuidaba los juguetes como si fueran oro. Y lo eran, eran oro. No se puede ser más feliz con algo hecho casi totalmente de plástico e inanimado. Eran perfectos la verdad.
Así que lo dejé al lado de una pila de libros y lo olvidó. Reposaba junto a miles de palabras, como si el ser inerte de plástico hablase a suspiros con los libros, también como el, silenciosos, pero éstos por lo menos llenos de palabras de todo tipo.
Un día me quedé mirando sus colores colchoneros y me dije que tenía un pacto tácito con el maravilloso y tímido niño que un día fui. Así que mañana le diré hasta siempre a este juguete y me iré. Espero que alguien lo recoja y le haga feliz.
Es todo lo que pido.