jueves, 28 de noviembre de 2013

Todo es luz

Estoy en una habitación de colores chillones, donde siento que alguien me esta observando. Me incorporo ya que estoy sentado y pongo mi espalda recta, cruzo las piernas para acercarme a una sensación de comodidad que no hallo, que no tengo en estos momentos. Estoy desnudo. Pero no se el porqué. Me contemplo a mi mismo como si no conociese mi cuerpo. Me veo los brazos, parecen difuminarse al paso de mis ojos. Toco mis piernas, parecen las mías, fuertes y robustas, largas y anchas. Paso mis manos por mis pies, los siento rugosos y secos como si hubiese caminado una eternidad. Vuelvo mi mirada hacia la habitación, cambia de color, todos los colores se funden en uno solo. Primero se convierten en negro, en oscuridad, y la luz desparece de mi vista. No hay nada. Solo yo, estoy yo. Ya no me siento observado. Pasa un tiempo aproximado de una eternidad, aunque tal vez sean solo segundos. No lo se a ciencia cierta. Estoy solo yo, el sentido del tiempo no tiene valor para mi. La habitación cambia, parece que me hace una mueca, que sonríe pícara, que vuelve sus ojos hacia mi. Se convierte en blanca, ahora todo es luz, todo brilla en su máximo esplendor. Ya no estoy desnudo, una ropa ligera como brisa tapa mi cuerpo. Miro hacia la derecha y vislumbro una puerta, acto seguido me levanto, acerco mi mano hacia el pomo de la puerta. Y la abro. Puedo salir de la habitación. La habitación me mira con un deje de tristeza, pero es feliz también. Puedo irme. Puedo volver a nacer. Vuelvo a nacer. Fuera todo es luz.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Sitios con encanto, Vigo, segunda parte

1- Bar australiano, situado en la Alameda, en un lugar privilegiado. Muchas cervezas. La pinta de Foster´s sale a tres euros. Se pueden ver varios deportes en sus teles. Decoración típica australiana, es posible que Cocodrilo Dundee vaya a este local cuando venga a Vigo. Buen ambiente. Perfecto para cuando quieras pensar que no estás en tu ciudad.

2- La Pepita, situado en las inmediaciones de la Calle Rosalía de Castro, ambiente innovador, decoración industrial, parecido a los restaurantes neoyorquinos de nuevo cuño. Buena comida, la especialidad son las hamburguesas.


martes, 19 de noviembre de 2013

Así me miras tu

Me estabas comiendo con los ojos, con esos ojos grandes y brillantes, como diamantes sacados de un cuento de hadas, grandes como piedras cavadas por gigantes de otros tiempos.
Me mirabas más allá de mis ojos, me mirabas más allá de mi vida, de mi tiempo, de mi alma. Como si un despertar súbito de mil colores explotaran en mi cara. Y solo dejaran dos cuencas verdes en el lugar que le corresponde a mis ojos. Dos cuencas como bosques infinitos y arroyos cristalinos, como verdes campos yendo al vaivén del viento.
Me sonreías como si hiciese una gracieta de antaño, como en una película muda, como en una vida en blanco y negro. Me sonreías como la primera vez, como si nos estuviésemos conociendo, como si fuésemos extraños cogiéndonos súbitamente de la mano, como extraños que pasan uno al lado del otro en una gran ciudad y ni reparan nada más que en sus propias voces, que las llaman desde su interior, gritan que quieren salir, gritan que quieren escapar, gritan que desean desear a esa persona que ni conocen ni quieren conocer.
Así me miras tu.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El huésped

El día anterior fue un día como otro cualquiera, con lluvia en su mente y con luz y sol fuera de su cuerpo, en lo referente al clima estamos hablando.
Llevaba varios días con un dolor sordo y agudo en la parte derecha de su cerebro. Para más inri en la parte derecha de su cabeza, muy cerca de su ojo derecho,
Eso es - dijo el. Le dolía la parte más cercana a su ojo derecho. Había días que le dolía de una manera casi inaguantable, como si hubiese algo que viviese en ese particular lugar de su cabeza, perfectamente situado entre su ojo derecho y su oreja, siempre del mismo lado, claro está.
Había días que le dolía menos, otros más, movía el ojo para intentar descubrir que era lo que le molestaba, que era lo que le afligía.

martes, 5 de noviembre de 2013

Cine, Octubre

1- Vivir (Ikiru), 1952 - Akira Kurosawa
2- Prisioneros, 2013 - Denis Villeneuve
3- Un condenado a muerte se ha escapado, 1956 - Robert Bresson
4- Laura, 1944 - Otto Preminger
5- Siete ocasiones, 1925 - Buster Keaton
6- El repartidor de hielo, 1973 - John Frankenheimer
7- Calabuch, 1956 - Luis García Berlanga
8- El gran carnaval, 1951 - Billy Wilder
9- Cenizas y diamantes, 1958 - Andrzej Wajda
10- Descubriendo a John Cazale, 2009 - Richard Shepard (Documental)

martes, 22 de octubre de 2013

Un rareza

Salgo a tomar el aire. El bar está casi vacío, para ser jueves es un rareza, debería estar atestado. Debe ser que fuera hace un día de perros, no es que llueva solo es que caen chuzos de punta. De esos días que dan casi miedo.
Ella sale a fumarse un pitillo. Me mira con una mezcla de ilusión y tristeza. En su mirada hay desconcierto y esperanza a la vez, debe ser que al verme algo en su interior le ayuda a estar mejor. No es que yo sea un dios totémico, más bien soy un ser cercano. Eso es lo que ella busca en estos momentos de penumbra.
Me comenta que ya no va a trabajar en ese sitio nunca más, que su jefe es un desgraciado. Me lo cita con esas mismas palabras. Ni una más, ni una menos. Que la ha decepcionado. Vaya, le digo yo, otra mujer buena que ha sido decepcionada, la verdad deberían de darnos un buen tirón de testículos cada vez que hiciéramos eso los hombres. Una mujer buena es igual a un ángel sobre esta tierra fea y hostil.
Yo la intento consolar de un modo natural, intentando decirle que va a encontrar algo mejor y muy pronto, pero a cambio solo obtengo una media sonrisa y una mueca triste. No quiero más y no necesito más.
Me encantaría gritarle en ese momento que yo la ayudaría y le daría un futuro perfecto. Un mundo lleno de cascadas de felicidad, llenas de días de miel y noches de luna con forma de queso.
Pero sería falso, así que me callo y la veo partir dentro de su cueva de desesperanza.
Yo miro hacia la fría noche y pienso que es hora de partir.
Emprendo el camino hacia casa con el alma literalmente en los pies pero mi nuevo yo me impide estar triste y me da un empujón de compadreo.
Es lo que tiene tener una buena alma de amiga redentora.

jueves, 17 de octubre de 2013

Un señor solitario

El señor solitario llega a la fuente solo. En una insultante soledad se sienta en un húmedo banco de piedra coronado por musgo reciente a causa de la lluvia caída días atrás. Estoy mirándolo mientras relleno de agua una botella grande de plástico. Le saludo diciéndole hola y buenas tardes, pero hace no escucharme o en realidad no me escucha, que más da digo para mí. Los maleducados son así, vivan en manada o no.
Tendrá alrededor de unos 50 años, gafas graduadas tan corrientes como un bebé bonito, lleva unos pantalones de esos que solo un adulto serio se puede poner, como si su alegría por la vida (si alguna vez la tuvo) hubiese desparecido de pronto un día cualquiera, precisamente ese día que estaba poniéndose esos pantalones. Una chaqueta de un color cercano a la melancolía adorna la parte superior de su cuerpo, un color que oscila entre varios matices de gris, pero ninguno en particular.
Yo sigo a mi quehacer, hoy la fuente echa muy poco, porque aunque llovió hace poco no llenó suficiente el espacio que había que llenar con la caída de las lágrimas de los dioses.
Casi al punto de acabar con mi tarea el señor solitario me habla, me cuenta algo referido al pH del agua y que hoy en día es más importante para todos alguien que sea un sibarita con el agua y que la sepa distinguir. que la misma persona con el vino.
Me voy casi cortando en seco la conversación, un paso cada vez que el me quiere contar una cosa, Hasta que se calla y yo me alejo con el preciado botín del agua en mi poder.
Es curioso que hasta la gente solitaria necesite el contacto aunque sea mínimo por medio de la voz con otro ser humano.