martes, 5 de noviembre de 2013

Cine, Octubre

1- Vivir (Ikiru), 1952 - Akira Kurosawa
2- Prisioneros, 2013 - Denis Villeneuve
3- Un condenado a muerte se ha escapado, 1956 - Robert Bresson
4- Laura, 1944 - Otto Preminger
5- Siete ocasiones, 1925 - Buster Keaton
6- El repartidor de hielo, 1973 - John Frankenheimer
7- Calabuch, 1956 - Luis García Berlanga
8- El gran carnaval, 1951 - Billy Wilder
9- Cenizas y diamantes, 1958 - Andrzej Wajda
10- Descubriendo a John Cazale, 2009 - Richard Shepard (Documental)

martes, 22 de octubre de 2013

Un rareza

Salgo a tomar el aire. El bar está casi vacío, para ser jueves es un rareza, debería estar atestado. Debe ser que fuera hace un día de perros, no es que llueva solo es que caen chuzos de punta. De esos días que dan casi miedo.
Ella sale a fumarse un pitillo. Me mira con una mezcla de ilusión y tristeza. En su mirada hay desconcierto y esperanza a la vez, debe ser que al verme algo en su interior le ayuda a estar mejor. No es que yo sea un dios totémico, más bien soy un ser cercano. Eso es lo que ella busca en estos momentos de penumbra.
Me comenta que ya no va a trabajar en ese sitio nunca más, que su jefe es un desgraciado. Me lo cita con esas mismas palabras. Ni una más, ni una menos. Que la ha decepcionado. Vaya, le digo yo, otra mujer buena que ha sido decepcionada, la verdad deberían de darnos un buen tirón de testículos cada vez que hiciéramos eso los hombres. Una mujer buena es igual a un ángel sobre esta tierra fea y hostil.
Yo la intento consolar de un modo natural, intentando decirle que va a encontrar algo mejor y muy pronto, pero a cambio solo obtengo una media sonrisa y una mueca triste. No quiero más y no necesito más.
Me encantaría gritarle en ese momento que yo la ayudaría y le daría un futuro perfecto. Un mundo lleno de cascadas de felicidad, llenas de días de miel y noches de luna con forma de queso.
Pero sería falso, así que me callo y la veo partir dentro de su cueva de desesperanza.
Yo miro hacia la fría noche y pienso que es hora de partir.
Emprendo el camino hacia casa con el alma literalmente en los pies pero mi nuevo yo me impide estar triste y me da un empujón de compadreo.
Es lo que tiene tener una buena alma de amiga redentora.

jueves, 17 de octubre de 2013

Un señor solitario

El señor solitario llega a la fuente solo. En una insultante soledad se sienta en un húmedo banco de piedra coronado por musgo reciente a causa de la lluvia caída días atrás. Estoy mirándolo mientras relleno de agua una botella grande de plástico. Le saludo diciéndole hola y buenas tardes, pero hace no escucharme o en realidad no me escucha, que más da digo para mí. Los maleducados son así, vivan en manada o no.
Tendrá alrededor de unos 50 años, gafas graduadas tan corrientes como un bebé bonito, lleva unos pantalones de esos que solo un adulto serio se puede poner, como si su alegría por la vida (si alguna vez la tuvo) hubiese desparecido de pronto un día cualquiera, precisamente ese día que estaba poniéndose esos pantalones. Una chaqueta de un color cercano a la melancolía adorna la parte superior de su cuerpo, un color que oscila entre varios matices de gris, pero ninguno en particular.
Yo sigo a mi quehacer, hoy la fuente echa muy poco, porque aunque llovió hace poco no llenó suficiente el espacio que había que llenar con la caída de las lágrimas de los dioses.
Casi al punto de acabar con mi tarea el señor solitario me habla, me cuenta algo referido al pH del agua y que hoy en día es más importante para todos alguien que sea un sibarita con el agua y que la sepa distinguir. que la misma persona con el vino.
Me voy casi cortando en seco la conversación, un paso cada vez que el me quiere contar una cosa, Hasta que se calla y yo me alejo con el preciado botín del agua en mi poder.
Es curioso que hasta la gente solitaria necesite el contacto aunque sea mínimo por medio de la voz con otro ser humano.

domingo, 13 de octubre de 2013

Del universo y otros lugares

A Pippo le gusta mucho que le hagan cosquillas. Donde más le gusta en su barriguita, donde en vez del inútil ombligo humano tiene una costura en una especie de i griega, con complicidad su amigo Oliver le hace cosquillas y las risas ensordecen la tristeza imperante a varios metros de distancia. Su eterna sonrisa se hace aún más patente cuando los dedos del niño pulsan el botón preciso para que esto ocurre.
A su vez, Oliver también rie, una risa bonita, musical y embriagadora como el vino más rojo y dulce pueda provocar. Hoy es una tarde gris y lluviosa, pero la imaginación de un niño es inexpugnable y clara, y acompañado de su mejor amigo solo pueden salir bien las cosas. ¡qué maravillosa es la vida a veces!
Yo, el narrador omnisciente los veo reír y disfrutar como si el mañana fuese un lugar distante, algún ser sin importancia, un vago sentimiento...
Y en estos momentos me voy a otro lugar donde los niños sigan siendo los seres más luminosos del universo.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Un ser cercano

Pippo es su amigo, su compañero, su apoyo...y eso que es un oso. Para más señas un oso inanimado. Si, un oso de peluche. Pero a el le da igual. Su amigo lo escucha, juega con el, le sonría tanto de día como de noche. Es casi perfecto. Solo le falta hablar. Y la verdad es que la mayoría de las veces a las palabras se las lleva el viento y no transmiten todo lo que queremos que transmitan. Son sonidos huecos, faltos de luz la mayoría de las ocasiones. Así que, en este caso, es mejor así.
A Oliver además le cuesta expresarse con las personas, es en el argot lingüístico tímido. Es feliz, puro, bueno. Pero es tímido. Y en este mundo oscuro y feo eso es tremendamente malo. Pero eso ya lo aprenderá con el tiempo...
Por eso su amigo el oso es tan importante para el. Es su mundo. Su mundo encerrado en apenas unos centímetros... Pero la mayoría de las cosas buenas vienen en envases pequeños y en este caso es totalmente verdad.
Y aunque no hable es más importante que su padre para el, que muchos de sus amigos... Y eso es innegociable.
Se le empiezan a cerrar sus grandes ojos verdes y tiene sueño, como acto reflejo abraza a Pippo, ya puede soñar feliz.

martes, 24 de septiembre de 2013

El ausente

Se sienta en la mesa con unas ganas dignas de un rey al querer gobernar. Hay cuatro sillas blancas, cuatro servicios de comida, cada uno con un plato llano, un tenedor, un vaso y una blanca servilleta. Pero en esta ocasión solo hay tres personas a la mesa.
Nuestro protagonista que ronda los setenta años de vida, un joven adulto, y una mujer dulce y buena que irradia luz allá por donde pasa.
El cuarto factor está en su habitación soñando despierto, porque despierto es cuando más nítidos ve sus sueños. Sueños como los de cualquier otro.
Casi siempre las comidas son agradables, copiosas y divertidas. Como deberían ser todas las comidas en este lugar mal llamado mundo.
Pero algunos días, los menos, son un suplicio digno de cualquier drama mal escrito de película de sábado por la tarde.
Nuestro protagonista, pongamos que se llama el señor Limón, pregunta dónde está esa otra persona que ha dejado desierto su sitio.
La mujer que irradia luz le responde que está comiendo fruta en su habitación. Y aunque al señor Limón no le gusta mucha la respuesta, ya que hace un gesto de disgusto, pero pronto cambia de rictus y sigue con su comida.
La señora luminosa hace de intermediario en está tensa y conflictiva relación y la persona que no está en esos momentos ante la mesa de lo agradece profusamente, él ya sabe que a ella también le cuesta responder a esas preguntas sin sentido, a esos silencios incómodos, pero al contrario que el ausente ella sabe leer la vida como un escriba milenario del Antiguo Egipto.
El ausente sigue con sus pensamientos un poco más, con sus aventuras mentales, y con sus placeres metafísicos.
El ausente vaga por mundo de luz y donde lo imposible es lo más factible por vivir.
Y, como siempre, le reza a la señora luminosa para que esté con el toda la vida.

lunes, 23 de septiembre de 2013

El Oeste

-Papá, ¿el Oeste está muy lejos?
Su padre desde las alturas la miró perplejo, y a continuación las risas de sus progenitores estallaron ante su maravillosa ocurrencia.
-Hay que ir en barco. Imagínate lo lejos que está - le respondió
La mirada de la niña denotaba admiración, asombro y felicidad a partes iguales ante la figura de su padre.
Unos instantes después hizo lo que hacen los niños: seguir jugando y explorando el mundo. Era momento de irse a casa a descansar, mientras el sol se estaba ocultando al fondo de los altos y verdes árboles como si le implorase a la niña que jugase al escondite con el sólo un ratito más.

Los niños son increíbles (en este caso una niña con dos simpáticas coletas prendidas con sendas gomas amarillas) tienen una cantidad inimaginable de magia en su interior.
Es increíble que al crecer y convertirnos en esos aburridos sujetos llamados adultos, casi toda esa magia haya desparecido de nuestro interior.
Esto es importante, hay que dedicar uno segundos al día, cada día para sentarnos a charlar con ese niño que un día fuimos.

Y así saber dónde acertamos.
Y lo más importante: dónde nos caímos y no nos volvimos a levantar.