Nunca fue creyente y cada año que vivía y cada cosa horrible que miraba le hacía reflexionar en que no había nada arriba de su cabeza llamado dios.
Era un día raro, en pleno otoño pero con cerca de treinta grados fuera y sin previsión alguna de lluvia. El cielo era anaranjado y su ánimo era azul límpido.
Es feliz, y lo más importante es que hacía mucho que no lo era.
Por primera vez en su vida necesita poco para serlo y eso le hace sentirse muy orgulloso.
Queda un cuarto de día y lo esencial es que el alma no le pesa y la cabeza está perfectamente amueblada, lo de los despistes es secundario en estos momentos, seguramente algún día hallará la solución para ello.
Para Mary, gracias por ayudarme tanto.
domingo, 15 de octubre de 2017
viernes, 4 de noviembre de 2016
El Tiempo.
En su mano izquierda un reloj hermoso llevaba, dorado y negro a partes iguales. A veces daba la hora, había días en que se atrasaba pero era feliz porque sabía que estaba atado a algo más grande que el: El Tiempo. Sí, el tiempo en mayúsculas.
El Tiempo era todo y nuestro protagonista solo una mota de polvo tendiente a borrarse, un sueño soñado tal vez por un niño malcriado, un chispazo de luz en la inmensidad del universo, es decir, era nada. Por eso, cada que vez que miraba fijamente a su reloj con una sonrisa, era feliz.
No importaba la lluvia queriendo entrar por su balcón o si le había ido mal con su jefe, El sentía dentro de su corazón que había seres como el que lo miraban a través del tiempo y del espacio. Y así, ya nunca se sentía solo, perdido, insignificante.
Para los otros (así llamaba él a los demás) el tiempo no era importante, nunca se paraban a hablar con el, a preguntarle que tal le iba, porque estaba enfadado. Y claro, así les iba, siempre corriendo de aquí hacia allí sin parada, sin descanso.
Siempre que estaba triste miraba a su reloj dorado y una pequeña sonrisa salía a flote en su triste cara.
El Tiempo era todo y nuestro protagonista solo una mota de polvo tendiente a borrarse, un sueño soñado tal vez por un niño malcriado, un chispazo de luz en la inmensidad del universo, es decir, era nada. Por eso, cada que vez que miraba fijamente a su reloj con una sonrisa, era feliz.
No importaba la lluvia queriendo entrar por su balcón o si le había ido mal con su jefe, El sentía dentro de su corazón que había seres como el que lo miraban a través del tiempo y del espacio. Y así, ya nunca se sentía solo, perdido, insignificante.
Para los otros (así llamaba él a los demás) el tiempo no era importante, nunca se paraban a hablar con el, a preguntarle que tal le iba, porque estaba enfadado. Y claro, así les iba, siempre corriendo de aquí hacia allí sin parada, sin descanso.
Siempre que estaba triste miraba a su reloj dorado y una pequeña sonrisa salía a flote en su triste cara.
miércoles, 9 de marzo de 2016
Luto blanco.
Luto por ti que me diste felicidad o tu otro tu que solo me diste oscuridad
Sin existir en mi memoria te hiciste enredadera en mi corazón
Aparecer de repente con la alta frente
Y perecer un segundo en más de una ocasión
Blanca mirada de ilusión y esperanza
Frenética risa que acelera una pasión
Que te vaya bonito allá donde vayas
Olvidarte un segundo de mi tiempo tardón.
Sin existir en mi memoria te hiciste enredadera en mi corazón
Aparecer de repente con la alta frente
Y perecer un segundo en más de una ocasión
Blanca mirada de ilusión y esperanza
Frenética risa que acelera una pasión
Que te vaya bonito allá donde vayas
Olvidarte un segundo de mi tiempo tardón.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Ser eterno.
Los besos pueden ser eternos le dije con una sonrisa entre tímida y melancólica. Me abrazó juntando sus manos en mi espalda y apretando fuerte como si quisiese entrar en mi alma y quedarse un rato allí, acto seguido respira impregnando con mi olor su cuerpo. Siempre que está conmigo hace eso, la verdad me encanta. Hace pequeñas respiraciones breves pero muy profundas.
Lleva un vestido marrón claro, una blusa color mostaza y unos tacones que me excitan sobremanera. No recuerdo el color, solo recuerdo que eran clásicos y no muy altos. Soy un odioso de los pies pero soy un amante de las mujeres con clase en ellos.
Es una noche triste en una ciudad cualquiera y estamos sentados en un bordillo de una calle peatonal como todas las calles peatonales del mundo. Es una noche triste porque la ciudad está casi vacía, me da la sensación de que la gente saliese huyendo hacía otro sitio mejor. Pero me es indiferente, cuando estás con la persona correcta el mundo se desvanece intentando no molestarte.
Yo llevo puesto un traje, clásico: negra la chaqueta y el pantalón, blanca impoluta y recién planchada la camisa. Se debe estar siempre a la altura de las circunstancias. Llevo un pañuelo a juego con la corbata, es de seda y lo llevo porque ella me lo regaló.
La humilde verdad es que somos un pareja de guapos o por lo menos lo veo así pero como les conté antes a ustedes el mundo ha desaparecido de mi mente.
Hablando de lo divino y lo humano pasan los segundos veloces como un depredador a punto de devorar a su víctima. Reímos, hablamos, un beso furtivo por aquí, una mirada cómplice por allá...
Llega un momento que ella debe irse, no me acuerdo del motivo y para contar esta historia tampoco es importante. Solo se que se va. Me dice esas dos palabras mágicas llamadas te quiero, me da un casto beso en los labios, sonríe y por último me mira muy detenidamente como queriendo grabar en su cabeza hasta el último centímetro de mi ser. Me da el abrazo más largo de la noche y se levanta.
Me mira a los ojos fijamente y se despide, me contempla con una sensación que yo llego a sentir como rara.
La veo alejarse por el callejón empedrado, hasta que pierdo de vista su silueta en la lejanía, me quedo pensativo algunos instantes y también emprendo la marcha hacia cualquier lugar. No la volví a ver y lo que es peor nunca supe que ésa era su forma de decirme adiós.
Lleva un vestido marrón claro, una blusa color mostaza y unos tacones que me excitan sobremanera. No recuerdo el color, solo recuerdo que eran clásicos y no muy altos. Soy un odioso de los pies pero soy un amante de las mujeres con clase en ellos.
Es una noche triste en una ciudad cualquiera y estamos sentados en un bordillo de una calle peatonal como todas las calles peatonales del mundo. Es una noche triste porque la ciudad está casi vacía, me da la sensación de que la gente saliese huyendo hacía otro sitio mejor. Pero me es indiferente, cuando estás con la persona correcta el mundo se desvanece intentando no molestarte.
Yo llevo puesto un traje, clásico: negra la chaqueta y el pantalón, blanca impoluta y recién planchada la camisa. Se debe estar siempre a la altura de las circunstancias. Llevo un pañuelo a juego con la corbata, es de seda y lo llevo porque ella me lo regaló.
La humilde verdad es que somos un pareja de guapos o por lo menos lo veo así pero como les conté antes a ustedes el mundo ha desaparecido de mi mente.
Hablando de lo divino y lo humano pasan los segundos veloces como un depredador a punto de devorar a su víctima. Reímos, hablamos, un beso furtivo por aquí, una mirada cómplice por allá...
Llega un momento que ella debe irse, no me acuerdo del motivo y para contar esta historia tampoco es importante. Solo se que se va. Me dice esas dos palabras mágicas llamadas te quiero, me da un casto beso en los labios, sonríe y por último me mira muy detenidamente como queriendo grabar en su cabeza hasta el último centímetro de mi ser. Me da el abrazo más largo de la noche y se levanta.
Me mira a los ojos fijamente y se despide, me contempla con una sensación que yo llego a sentir como rara.
La veo alejarse por el callejón empedrado, hasta que pierdo de vista su silueta en la lejanía, me quedo pensativo algunos instantes y también emprendo la marcha hacia cualquier lugar. No la volví a ver y lo que es peor nunca supe que ésa era su forma de decirme adiós.
sábado, 26 de septiembre de 2015
No eres.
¿Sabes qué? Que ya no existes, ya no estás, ya no eres. Y el peso que amargamente sobre mis pequeños hombros me pusiste se esfumó cual vaho derrotado por un dedo en un cristal.
Desapareciste como hacen los cobardes ladrones de sueños rotos.
Caiste de un pedestal construído de miedos que ahora solo son ligeras cicatrices.
Perdiste porque yo sigo en pie, tambaleándome si, resistiendo esa sinrazón que tu mantenías a rajatabla.
Cuando yo quiera te haré desaparecer a las vidas futuras.
Y ni siquiera polvo en mi memoria serás.
Desapareciste como hacen los cobardes ladrones de sueños rotos.
Caiste de un pedestal construído de miedos que ahora solo son ligeras cicatrices.
Perdiste porque yo sigo en pie, tambaleándome si, resistiendo esa sinrazón que tu mantenías a rajatabla.
Cuando yo quiera te haré desaparecer a las vidas futuras.
Y ni siquiera polvo en mi memoria serás.
En sueños.
La noche era otra noche. Oscura pero con una luz especial. Apagada pero con puntos de colores por doquier.
Iba caminando distraído mirando hacia enfrente sonriendo por algún recuerdo lejano y me llamaste.
Fue solo un susurro pero te escuché tan nítidamente como cualquier canto.
Me llamabas por mi nombre y lo curioso es que yo no te conocía.
Tu nombre era similar al mío y tu alma bailaba alrededor de la mía.
Decidimos vernos en otra ocasión en un día con lluvia.
Pasaron mil segundos, mil días, mil vidas.
Es posible que tu alma se fuese en otro tren y la mía se aferrase a una estación antigua con un gran reloj marcando las horas.
Cuando vuelvas a llamarme en sueños dejaré todo atrás.
Iba caminando distraído mirando hacia enfrente sonriendo por algún recuerdo lejano y me llamaste.
Fue solo un susurro pero te escuché tan nítidamente como cualquier canto.
Me llamabas por mi nombre y lo curioso es que yo no te conocía.
Tu nombre era similar al mío y tu alma bailaba alrededor de la mía.
Decidimos vernos en otra ocasión en un día con lluvia.
Pasaron mil segundos, mil días, mil vidas.
Es posible que tu alma se fuese en otro tren y la mía se aferrase a una estación antigua con un gran reloj marcando las horas.
Cuando vuelvas a llamarme en sueños dejaré todo atrás.
domingo, 26 de julio de 2015
El tiempo desaparece.
Cuando creas que sabes algo, tu, pero tienes ninguna idea de todo. Crees que tienes que desaparecer y en la mente menos cuerda no hay probabilidad de aparecer.
Eres un fastasma.
Eres una aparición fugaz. Algo olvidado tiempo atrás.
Algo perdido y no querido encontrar.
Te creías que eras. Pero no.
Pero nada.
Eres la nada.
Eres la nada. Según tu existías pero no. Eres solo un recuerdo en la mente de cualquier iluso borracho.
Eres la nada.
Hay veces que el viento despierta, se desespereza y antes de que vuelvas abrar los ojos, desapareces.
Desapareces.
Eres un fastasma.
Eres una aparición fugaz. Algo olvidado tiempo atrás.
Algo perdido y no querido encontrar.
Te creías que eras. Pero no.
Pero nada.
Eres la nada.
Eres la nada. Según tu existías pero no. Eres solo un recuerdo en la mente de cualquier iluso borracho.
Eres la nada.
Hay veces que el viento despierta, se desespereza y antes de que vuelvas abrar los ojos, desapareces.
Desapareces.
sábado, 13 de diciembre de 2014
La verdad.
La verdad sea dicha no está reñida a tus silencios, a tus lloros, a tus súplicas...
Está ligada íntimamente a esos besos clandestinos y húmedos, a esas palabras llenas de corazón.
El no está aparcado, varado en el fondo de un vaso lleno de ilusiones, problemas resueltos y felices finales.
El necesario resurgir de lo que tuvimos puede alcanzarnos despiertos pero soñando siempre serán mejores.
Nunca, nunca he dejado que te cayeses.
Siempre, siempre he estado para levantarte. Me es lo mismo una o mil veces.
No es el número lo importante, es el cuándo. Es el porqué. Hacemos cosas sin saber siquiera el porqué, pero hay que hacerlas descifrando el acertijo.
Ser mejores, ser más buenos, ser más puros.
Mirarnos al espejo y con una sonrisa en la cara retirarnos satisfechos antes de que empiece la próxima batalla.
Está ligada íntimamente a esos besos clandestinos y húmedos, a esas palabras llenas de corazón.
El no está aparcado, varado en el fondo de un vaso lleno de ilusiones, problemas resueltos y felices finales.
El necesario resurgir de lo que tuvimos puede alcanzarnos despiertos pero soñando siempre serán mejores.
Nunca, nunca he dejado que te cayeses.
Siempre, siempre he estado para levantarte. Me es lo mismo una o mil veces.
No es el número lo importante, es el cuándo. Es el porqué. Hacemos cosas sin saber siquiera el porqué, pero hay que hacerlas descifrando el acertijo.
Ser mejores, ser más buenos, ser más puros.
Mirarnos al espejo y con una sonrisa en la cara retirarnos satisfechos antes de que empiece la próxima batalla.
martes, 28 de octubre de 2014
Es todo lo que pido
Seguramente el niño (o niña) que perdió este juguete y yo no nos vamos a ver en la vida, pero siento que tengo que hacer algo. Ese algo es dejar este precioso, viejo y usado juguete en algún lugar para que alguien más puede jugar y soñar con el. Lo encontré un día en la calle y la verdad es que una sonrisa súbita asomo a mis labios ya no tan niños. Y me lo guardé. Lo metí en mi bolsillo y seguí mi marcha. Apenas mi cerebro reparó unos instantes en esta moto roja y blanca. Llegué más tarde a mi casa y con emoción la enseñé. Cuando era pequeño, yo cuidaba los juguetes como si fueran oro. Y lo eran, eran oro. No se puede ser más feliz con algo hecho casi totalmente de plástico e inanimado. Eran perfectos la verdad.
Así que lo dejé al lado de una pila de libros y lo olvidó. Reposaba junto a miles de palabras, como si el ser inerte de plástico hablase a suspiros con los libros, también como el, silenciosos, pero éstos por lo menos llenos de palabras de todo tipo.
Un día me quedé mirando sus colores colchoneros y me dije que tenía un pacto tácito con el maravilloso y tímido niño que un día fui. Así que mañana le diré hasta siempre a este juguete y me iré. Espero que alguien lo recoja y le haga feliz.
Es todo lo que pido.
martes, 21 de octubre de 2014
Se perdió la magia
La tenía en un bolsillo hace tiempo pero se perdió para siempre, la tenía guardada en el alma
pero se extravió para siempre.
No era magia blanca, ni menos negra.
Era magia pura.
De bellos corazones transparentes y sonrisas felices en la cara.
De rosas rojas de sangre y lágrimas sublimes de agua.
Se me perdió la magia.
Y ya es la segunda vez.
Me acuerdo escapando a través de una pared. De niño. Una vez.
La segunda un beso perdido en tu mejilla. Otra vez.
Se perdieron cosas.
Se perdió otra vez.
Y la magia hay que ir a buscarla.
Y si no inventarla.
Otra vez.
pero se extravió para siempre.
No era magia blanca, ni menos negra.
Era magia pura.
De bellos corazones transparentes y sonrisas felices en la cara.
De rosas rojas de sangre y lágrimas sublimes de agua.
Se me perdió la magia.
Y ya es la segunda vez.
Me acuerdo escapando a través de una pared. De niño. Una vez.
La segunda un beso perdido en tu mejilla. Otra vez.
Se perdieron cosas.
Se perdió otra vez.
Y la magia hay que ir a buscarla.
Y si no inventarla.
Otra vez.
martes, 14 de octubre de 2014
GASA
Don Finolis tiene la tez morena, los ojos oscuros normales, la voz podría ser la de un galán de radionovela antigua: fuerte, lenta, pausada; mide cerca de uno setenta y pesa cerca de noventa quilos, descuida bastante su alimentación, le queda poco pelo aunque sigue siendo un presumido. Es tan presumido que cree que no hay nadie en el mundo que se le compare. ¡Qué presumido!, ¿verdad?, pero bueno los malos siempre son presumidos, no hay malos humildes, por lo menos en estos momentos no los recuerdo. Hace mucho que no quiere a nadie, aunque es posible que algún día quisiese a alguien. Eso no lo sabremos ni nos interesa. Eso pertenece al pasado, y por ahora, no se puede volver físicamente a el.
Es bastante gruñón y dicen que cuando se enfada y tiene mucha hambre pide niño para cenar, niños rellenitos a los que les encanta el chocolate, porque al estar llenos de chocolate están más tiernecitos y así son más fáciles de masticar. Porque a nuestro protagonista le faltan la mayoría de los dientes y eso que casi no come dulces pero le tiene miedo a los dentistas. Sí, ésos son los verdaderos reyes de los dientes, cuando un niño pierde un diente y lo deja debajo de la almohada, cuando se duerme su padre llama al dentista para intercambiar el diente por oro, dinero, o a veces, whisky, dependiendo de la necesidad y del peso, claro está.
Lo malo es que a Don Finolis no le dieron nada por sus dientes y por eso le caen mal los dentistas y no habla con ellos. El es de un tiempo pasado cuando aún no existía el Gremio de los Sacamuelas Asociados, también llamado GASA.
Es bastante gruñón y dicen que cuando se enfada y tiene mucha hambre pide niño para cenar, niños rellenitos a los que les encanta el chocolate, porque al estar llenos de chocolate están más tiernecitos y así son más fáciles de masticar. Porque a nuestro protagonista le faltan la mayoría de los dientes y eso que casi no come dulces pero le tiene miedo a los dentistas. Sí, ésos son los verdaderos reyes de los dientes, cuando un niño pierde un diente y lo deja debajo de la almohada, cuando se duerme su padre llama al dentista para intercambiar el diente por oro, dinero, o a veces, whisky, dependiendo de la necesidad y del peso, claro está.
Lo malo es que a Don Finolis no le dieron nada por sus dientes y por eso le caen mal los dentistas y no habla con ellos. El es de un tiempo pasado cuando aún no existía el Gremio de los Sacamuelas Asociados, también llamado GASA.
lunes, 13 de octubre de 2014
Esa actitud llamada rabia
Hay que usar la rabia que siente uno como uno de los instrumentos más poderosos para luchar y finalmente, ganar.
Esa rabia no tiene que dejar ningún poso. Ni odio, ni miedo. Pero puede uno guardarla en una estantería lejana y a la vez, fácil de encontrar en el quinto pino, anexo 2 del cerebro.
Y así a medida que se lucha y se gana (sobre todo contra uno mismo, la lucha contra los otros es secundaria e irrelevante. Cuando te superas a ti mismo, ya has ganado. Lo demás solo viene de la mano después), puedes dejar la rabia aún más escondida, pero siempre a mano para cuando necesites un extra. Y esa rabia se convierte en ganas de mejorar, ganas de ganar.
Así que todo puede ser usado en beneficio de la mejora de uno mismo.
Y hay que usar todos los medios, porque el precio a pagar es alto, y los adversarios son visibles, pero sobre todo invisibles.
Esa rabia no tiene que dejar ningún poso. Ni odio, ni miedo. Pero puede uno guardarla en una estantería lejana y a la vez, fácil de encontrar en el quinto pino, anexo 2 del cerebro.
Y así a medida que se lucha y se gana (sobre todo contra uno mismo, la lucha contra los otros es secundaria e irrelevante. Cuando te superas a ti mismo, ya has ganado. Lo demás solo viene de la mano después), puedes dejar la rabia aún más escondida, pero siempre a mano para cuando necesites un extra. Y esa rabia se convierte en ganas de mejorar, ganas de ganar.
Así que todo puede ser usado en beneficio de la mejora de uno mismo.
Y hay que usar todos los medios, porque el precio a pagar es alto, y los adversarios son visibles, pero sobre todo invisibles.
lunes, 12 de mayo de 2014
Seguir viviendo
Este sucio mundo es un vertedero nauseabundo, pero hay momentos, instantes, reflejos de felicidad que se te clavan en el alma, esos ojos almendrados que solo te irradian paz y calma, plenitud y totalidad. Hay que pelear por esos momentos, breves pero inmortales. Solo los fuertes sobreviven a esta realidad.
Tal vez en otra las almas estarán completas.
Pero en ésta no.
Hay que seguir, seguir. Y cuando no podamos más: seguir.
Luchar no ya solo por uno. Luchar por los demás, por los que importan de verdad.
Seguir.
Luchar.
No claudicar.
Esperar a que esos ojos no derramen lágrimas de tristeza.
Solo poderosas razones para seguir viviendo.
Y luchar.
Tal vez en otra las almas estarán completas.
Pero en ésta no.
Hay que seguir, seguir. Y cuando no podamos más: seguir.
Luchar no ya solo por uno. Luchar por los demás, por los que importan de verdad.
Seguir.
Luchar.
No claudicar.
Esperar a que esos ojos no derramen lágrimas de tristeza.
Solo poderosas razones para seguir viviendo.
Y luchar.
sábado, 22 de marzo de 2014
Digno de mención
Esa siempre recurrente sensación de malestar en el estómago, parece que el corazón tira hacia su vera de él, que se quiere fusionar para poder aguantar los golpes un poco más, digerirlos, engullirlos y defecarlos. Y así olvidarse de ellos. Esos golpes certeros al epicentro del dolor. Para poder aguantar cual borracho funambulista sobre hilo de oro, sin mirar hacia abajo donde una maraña de venenosas serpientes esperan un festín soñado. Deshacerse de todo lo que sea alimento para el alma, es mejor ser un eremita en tu propia catedral de barro que un salvador vendido por unas cuantas inservibles monedas. Es mejor sufrir por lo válido que esperar a que la verdadera naturaleza de una persona cambie así porque si. Se viene solo en este mundo por las entrañas calientes de un ser que te ama, y se va uno de este mundo con el fuego eterno o en una fría y también eterna cueva. El transcurso entre uno y otro es lo que puede ser digno de mención.
sábado, 22 de febrero de 2014
Una pequeña charla.
A veces me siento a hablar conmigo mismo, casi nunca me gusta de lo que hablo, pero si hay que hablar de las cosas buenas y amables, más importante si cabe es hablar de lo malo y oscuro. Me siento a hablar y saco un trapo para limpiar la suciedad de mi corazón, saco agua del pozo de mi conciencia e intento limpiar algún pensamiento perdido, solo para fijarlo con una chincheta en algún rincón en el que no duela tanto.
Y mi otro yo acaba por darme una palmada amistosa en mis huesudos hombros, me mira con una sonrisa forzada afirmando que este mundo no es para mí, pero que hay que andar, aunque cueste hay que andar, se levanta y por miles de mis poros entra en mi alma, y así el mundo ya no me parece tan cruel, y aunque haga mucho frío fuera en mi interior no se está nada mal.
Y mi otro yo acaba por darme una palmada amistosa en mis huesudos hombros, me mira con una sonrisa forzada afirmando que este mundo no es para mí, pero que hay que andar, aunque cueste hay que andar, se levanta y por miles de mis poros entra en mi alma, y así el mundo ya no me parece tan cruel, y aunque haga mucho frío fuera en mi interior no se está nada mal.
Antes de partir.
Ese chico vale cien millones. Digo, ese chico puede decir que vale cien millones, que alguien pagó cien millones por el.
Tu vales mucho mas, me dice ella. La verdad es que no se si es verdad, pero me da un vuelco el corazón y acto seguido se pone a bailar, mi corazón. Lo dice con una sonrisa en los labios.
Es una cosa maravillosa saber que para alguien en el mundo vales mucho más que cien millones.
Algún día se lo demostraré, antes de que el abismo tire aún más de mis pies hasta su fondo.
Antes de partir.
Tu vales mucho mas, me dice ella. La verdad es que no se si es verdad, pero me da un vuelco el corazón y acto seguido se pone a bailar, mi corazón. Lo dice con una sonrisa en los labios.
Es una cosa maravillosa saber que para alguien en el mundo vales mucho más que cien millones.
Algún día se lo demostraré, antes de que el abismo tire aún más de mis pies hasta su fondo.
Antes de partir.
jueves, 20 de febrero de 2014
El viaje de los dientes.
Hoy es uno de esos días, uno de esos días en los que uno duerme tan profundamente que un sueño de un instante puede parecernos eterno, tan profundamente que literalmente uno cae en el vacío más profundo de la mente, como sin moverse uno de cama diese un garbeo por el universo, comprase unos caramelos y antes del amanecer se recostase de nuevo en su cama. Ojo, esto todo desde la cama.
Hoy soñé muchas cosas interesantes, fascinantes...
Soñé que no tenía dientes, soñé que tenía 30 años. Soñé que soñaba con el día de hoy. Pero no tenía dientes.
Y no se me caían por cosas relacionadas con la caída de los mismos. Tenían vida propia e inteligencia acorde a esa vida. Y la mayoría querían ver como era la vida fuera de mi boca. Y yo los dejé partir, evidentemente eran mis dientes, pero tarde o temprano hay que dejar a tus dientes salir, explorar el mundo, vivir su propia vida. Es algo que siempre ocurre. Y conmigo pasó más de lo mismo.
La mayoría tenían la misma razón para marcharse: ver mundo. Viajar, disfrutar del mundo fuera de mi boca. Y les dije que iba a ser difícil, porque tuvimos una pequeña charla, de hombre a dientes; una especie de asamblea con ruegos y preguntas, con sugerencias y más preguntas. Vamos, lo que una asamblea es, ni más ni menos.
A lás mil y una cosas que a mis pasados dientes les ocurrieron no vamos a relatarlos en este instante, tal vez en futuro cuando nuevas situaciones dentales ocurran se contarán las andazas de estos dientes viajeros. O tal vez no. Eso es lo maravilloso de las historias, unas ocurren, otras no ocurren pero son contadas, y a muchas otras no les pasa ni una cosas ni otra pero se cuentan de todas formas. Es la única bonita mentira que existe en este mundo: las historias.
Así que hoy soñé que no tenía dientes. Y la verdad es que fue un gran sueño, hasta creo que en mi sueño reía y dormido una sonrisa en mis labios se dibujaba acordándome de ese momento donde todos mis dientes marcharon a ver mundo, a vivir su propia vida, y yo los dejé ir. Hay veces que es bueno dejar ir las cosas.
Hoy soñé muchas cosas interesantes, fascinantes...
Soñé que no tenía dientes, soñé que tenía 30 años. Soñé que soñaba con el día de hoy. Pero no tenía dientes.
Y no se me caían por cosas relacionadas con la caída de los mismos. Tenían vida propia e inteligencia acorde a esa vida. Y la mayoría querían ver como era la vida fuera de mi boca. Y yo los dejé partir, evidentemente eran mis dientes, pero tarde o temprano hay que dejar a tus dientes salir, explorar el mundo, vivir su propia vida. Es algo que siempre ocurre. Y conmigo pasó más de lo mismo.
La mayoría tenían la misma razón para marcharse: ver mundo. Viajar, disfrutar del mundo fuera de mi boca. Y les dije que iba a ser difícil, porque tuvimos una pequeña charla, de hombre a dientes; una especie de asamblea con ruegos y preguntas, con sugerencias y más preguntas. Vamos, lo que una asamblea es, ni más ni menos.
A lás mil y una cosas que a mis pasados dientes les ocurrieron no vamos a relatarlos en este instante, tal vez en futuro cuando nuevas situaciones dentales ocurran se contarán las andazas de estos dientes viajeros. O tal vez no. Eso es lo maravilloso de las historias, unas ocurren, otras no ocurren pero son contadas, y a muchas otras no les pasa ni una cosas ni otra pero se cuentan de todas formas. Es la única bonita mentira que existe en este mundo: las historias.
Así que hoy soñé que no tenía dientes. Y la verdad es que fue un gran sueño, hasta creo que en mi sueño reía y dormido una sonrisa en mis labios se dibujaba acordándome de ese momento donde todos mis dientes marcharon a ver mundo, a vivir su propia vida, y yo los dejé ir. Hay veces que es bueno dejar ir las cosas.
jueves, 23 de enero de 2014
Defraudo
La verdad es que todo el mundo te defraudará tarde o temprano. Ayudas y tus esfuerzos rara vez se verán recompensados. Tu mismo tienes dos, tres, cuatro personalidades. Todas distintas y todas con un mismo patrón: tu mismo.
Tu también defraudarás, seguramente pienses que no, pero es así, tu también caerás. La mayoría somos gigantes con pies de barro en una lluvia interminable, nos sentimos fuertes, poderosos, únicos, invencibles, superiores. Nos sentimos superiores. Tiene razón ése que exclama que mientras menos sepamos del mundo más felices somos. La ignorancia es felicidad y no se alarmen, es una verdad universal.
Y no pasa nada, entendiendo la ignorancia como el no conocimiento de las cosas. Sobre todo usado como un escudo, un escudo broncíneo que solo refleje nuestros puntos a favor, nuestra fuerza, nuestra luz. Un escudo límpido...
Lo dicho, defraudar y ser defraudado.
Casi es mejor vivir en una isla desierta para la eternidad, y convertirse en un filósofo magnánimo, en un dios sublime y cercano que juegue a los dados con el sol y que se acueste placenteramente con la luna.
Tu también defraudarás, seguramente pienses que no, pero es así, tu también caerás. La mayoría somos gigantes con pies de barro en una lluvia interminable, nos sentimos fuertes, poderosos, únicos, invencibles, superiores. Nos sentimos superiores. Tiene razón ése que exclama que mientras menos sepamos del mundo más felices somos. La ignorancia es felicidad y no se alarmen, es una verdad universal.
Y no pasa nada, entendiendo la ignorancia como el no conocimiento de las cosas. Sobre todo usado como un escudo, un escudo broncíneo que solo refleje nuestros puntos a favor, nuestra fuerza, nuestra luz. Un escudo límpido...
Lo dicho, defraudar y ser defraudado.
Casi es mejor vivir en una isla desierta para la eternidad, y convertirse en un filósofo magnánimo, en un dios sublime y cercano que juegue a los dados con el sol y que se acueste placenteramente con la luna.
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martes, 10 de diciembre de 2013
Cine, Noviembre
1- La condición humana I: No hay amor más grande
2- Mal día para pescar, 2009
3- El sabor del sake, 1962
4- Quemado por el sol, 1994
5- Bienvenidos al fin del mundo, 2013
6- El largo y cálido verano, 1958
7- Grizzly Man, 2005
8- Los edukadores, 2004
9- Vidas rebeldes, 1961
10- Pickpocket, 1959
jueves, 28 de noviembre de 2013
Todo es luz
Estoy en una habitación de colores chillones, donde siento que alguien me esta observando. Me incorporo ya que estoy sentado y pongo mi espalda recta, cruzo las piernas para acercarme a una sensación de comodidad que no hallo, que no tengo en estos momentos. Estoy desnudo. Pero no se el porqué. Me contemplo a mi mismo como si no conociese mi cuerpo. Me veo los brazos, parecen difuminarse al paso de mis ojos. Toco mis piernas, parecen las mías, fuertes y robustas, largas y anchas. Paso mis manos por mis pies, los siento rugosos y secos como si hubiese caminado una eternidad. Vuelvo mi mirada hacia la habitación, cambia de color, todos los colores se funden en uno solo. Primero se convierten en negro, en oscuridad, y la luz desparece de mi vista. No hay nada. Solo yo, estoy yo. Ya no me siento observado. Pasa un tiempo aproximado de una eternidad, aunque tal vez sean solo segundos. No lo se a ciencia cierta. Estoy solo yo, el sentido del tiempo no tiene valor para mi. La habitación cambia, parece que me hace una mueca, que sonríe pícara, que vuelve sus ojos hacia mi. Se convierte en blanca, ahora todo es luz, todo brilla en su máximo esplendor. Ya no estoy desnudo, una ropa ligera como brisa tapa mi cuerpo. Miro hacia la derecha y vislumbro una puerta, acto seguido me levanto, acerco mi mano hacia el pomo de la puerta. Y la abro. Puedo salir de la habitación. La habitación me mira con un deje de tristeza, pero es feliz también. Puedo irme. Puedo volver a nacer. Vuelvo a nacer. Fuera todo es luz.
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